MARTÍN GRECO

Martín Greco Coppi es un cantautor argentino nacido en Buenos Aires el 15 de febrero del 1993. Desde su adolescencia, la música tuvo un lugar privilegiado en su vida, desde la unión con la adoración eucarística y a la evangelización. Participó de varias misiones y coros parroquiales, poniendo un especial énfasis en el trabajo con los jóvenes y en la adoración eucarística.

Martín estudió ingeniería mecánica en Argentina y en Alemania. Hoy en día trabaja como investigador en la Universidad Técnica de Darmstadt, dónde busca combinar la ciencia con la tecnología para contribuir al cuidado del medioambiente y a la transición energética.

Respecto de su labor pastoral, Martín participa activamente de la Misión Católica de Lengua Española en Wiesbaden. Entre sus actividades destancan sus aportes al grupo cantoral, el acompañamiento de las adoracieones eucarísticas y la coordinación del grupo de juvenil. Además, Martín integra el grupo de formadores para el ministerio juvenil en Alemania, en el que contribuye con su música y con charlas de formación; y colabora con la comunidad alemana universitaria de Darmstadt (KHG).

Martín describe su música primeramente como un instrumento para alabar a Dios. Además, para el músico argentino, sus composisiones son una vía para compartir sus sus propios sentimientos hacia la Santísima Trinidad, la Virgen María y la Iglesia entera. Por último, sus canciones son una herramienta para evangelizar y para suscitar los mismos sentimientos de Jesús en el oyente. Es por esto que sus obras suelen tener letras cuidadosamente elaboradas, con muchas referencias Bíblicas y una profundidad que invita al oyente a orar con todo el corazón, con toda la inteligencia, con todo el ser.

En cuanto a su formación teológica, Martín se encuentra estudiando el Bachiller de Ciencias Sagradas en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Él considera que la formación es uno de los pilares de la Fe, y una herramienta imprescindible para el diálogo con el mundo y la Evangelización.

Por útlimo, Martín cuenta que su meta es que toda su vida sea como un canto que brote de Dios y se dirija a Dios, para lo que considera fundamentales la vida sacramental, la comunión con la Iglesia, la adoración eucarística y el refugio seguro de María Santísima.